domingo, 14 de marzo de 2010

Batalla de Austerlitz.

La batalla de Austerlitz es considerada ejemplo de estrategia militar en todos los ejércitos internacionales y modelo a seguir al mismo tiempo. La obra cumbre de ofensiva militar a estudiar, por contra de la defensa de Cartagena por el Virrey D. Sebastián de Eslava y D. Blas de Lezo y Olavarrieta (que podéis contemplar en otra entrada de mi blog). Ambas son ejemplo de estrategia militar en sus respectivos campos.
Pero centrémonos en Austerlitz. ¿Qué fue realmente?
Fue una acción de armas que tuvo lugar junto a la aldea de Austerlitz (Moravia), el 2 dic. 1805, y en la que el ejército de Napoleón derrotó al austro-ruso de los emperadores Francisco I y Alejandro I. Por esta razón se le denomina también batalla de los Tres Emperadores.Representa, en opinión de Fuller, «la obra maestra de Napoleón», y es una de las batallas clásicas de la Historia.
La ocasión vino deparada por la tercera coalición antinapoleónica , establecida meses antes entre Gran Bretaña, Austria, Rusia y Suecia, con entrada ulterior de Prusia. Fueron los británicos quienes llevaron la iniciativa, temerosos de que la Grande Armée, acantonada frente a Boulogne, emprendiese la proyectada invasión de Inglaterra. La estrepitosa derrota de Trafalgar y esta nueva coalición disuadieron al corso Napoleón Bonaparte de aquella empresa, y le lanzaron a una nueva aventura continental, donde contaba con unos mandos formidables.
La batalla se presentaba igualada en fuerzas. 75000 hombres por parte de Napoleón contando 155 piezas de artillería por el doble de piezas del rival y 73000 soldados, las tres cuartas partes rusos. No obstante 7000 soldados franceses estaban lejos de Austerlitz, al mando del General Davout, en dirección a Viena.
Una asamblea de los Aliados se reunió el 1 de Diciembre, una vez se tomaron posiciones en el campo de batalla, con el fin de discutir propósitos para la batalla. La mayoría de los estrategas aliados tenían dos ideas fundamentales en mente: hacer contacto con el enemigo y asegurar el flanco sur que conducía a Viena. A pesar de que el Zar y su círculo inmediato ansiaban una batalla, el Emperador Francisco de Austria era más cauteloso, y era apoyado por el general Kutúzov, el principal comandante ruso.



Las fuerzas francesas tendrían que enfrentarse a un número por lo menos igual o mayor de enemigos; pero contaban con dos grandes ventajas: su mayor coordinación, frente a la diversidad de ejércitos y mandos aliados, y la superioridad indiscutible que les daba el genio militar de Napoleón.
La penetración del francés en el espacio germánico fue fulminante para impedir la conjunción de austríacos y rusos. Un movimiento subrepticio, en el que se combinaron la convergencia de distintas columnas con un replanteamiento táctico sobre la marcha con conversión general hacia la derecha, y que se considera como una de las operaciones más perfectas de la historia militar.
Aisló en Ulm al ejército austriaco de Mack, que hubo de capitular (19 de octubre); el ruso, dirigido por Kutúsov, y al que no le prestó suficiente importancia el Zar, al verse desamparado, se retiró precipitadamente hacia el norte, dejando casi desguarnecida a Viena, que cayó en manos de los franceses el 13 de noviembre.



El empuje de Napoleón sobre Viena permitió a Kutúsov reunirse con un segundo ejército ruso y algunos refuerzos austríacos en Olmütz. A la misma ciudad acudieron los emperadores Francisco y Alejandro, en busca de una acción decisiva. A los aliados la espera les favorecía, pues confiaban en la llegada de sucesivos refuerzos, mientras que los efectivos napoleónicos se mantendrían inalterables. Prusia anunciaba ya su entrada en la coalición, con un ejército de 180.000 hombres. Entonces se manifestó el talento diplomático del emperador francés,
quien, cediendo algunas posiciones sin importancia, e insinuando tanteos de paz, dio la falsa impresión de sentirse desalentado. Napoleón sabía que en caso de la entrada de 180000 hombres frescos en aquel momento significaría la derrota. Pero el corso era también un genio de la dialéctica. La batalla se libró justamente donde y cuando él quiso.Fueron los aliados quienes atacaron, en un frente de 15 kilómetros, tendido en dirección NS, a unos 20 kilómetros de Brünn, y cerca de la citada aldea de Austerlitz, sobre un terreno de ligeras colinas que desciende hacia las lagunas enfangadas de Satschau, entonces heladas.
Las vitales alturas de Pratzen (en el centro sur), fueron ocupadas por Napoleón a media mañana. Desde allí contraatacaron el flanco los franceses, obligando a Kutúsov a buscar un contra flanqueo sobre las aguas heladas de la laguna. Era el momento esperado por el emperador francés, que ordena un ataque total de su artillería sobre el lago, que entre los cañonazos unidos al peso de las piezas de artillería y resto de tropa, junto con la temperatura del sol empieza a resquebrajarse, hundiendo en sus aguas a la mayoría del bando aliado que sobre dicho lago se encontraba. Es el providencial sol de Austerlitz. La obra maestra de Napoleón.
La catástrofe se hizo inevitable. Por la tarde se inició la desbandada general, y la noche salvó lo poco que quedaba de los ejércitos aliados. Éstos sufrieron cerca de 30.000 bajas, por 7.000 de los franceses. La paz de Presburgo en enero de 1806refrendaba la victoria de Napoleón.

En esta campaña, la de 1.805, destaca también el uso que hizo Napoleón de la caballería. El éxito de sus primeros movimientos se debió en gran medida a los factores de velocidad y sorpresa, que hicieron posible la reserva de Murat y la caballería. Estas fuerzas desempeñaron una serie de funciones clave: sirviéndose de su movilidad, efectuaron un ataque fingido en la Selva Negra, con lo que se consiguió engañar a Mack respecto a la dirección por la que vendría verdaderamente la caballería.Realizaron exhaustivos reconocimientos, garantizaron la seguridad de los flancos y retaguardia de la Grande Armée, y lo más importante de todo es que formaron una cortina de humo, una pantalla que ocultaba el avance del ejército. Cerca del enemigo, la caballería realizaba además la función de persecución (como la ofensiva de Murat hacia Trochtelfingen y Nürnberg) y combate ligero (como en Wertingen). A pesar de que Murat cometió errores catastróficos que pusieron en peligro el éxito de toda la campaña en varias ocasiones, sobre todo cuando permitió que Kutúsov escapase a la margen septentrional del Danubio, Napoleón reconocía lo mucho que le debía a su jefe de caballería y al tiempo cuñado, por lo que le perdonó sus deficiencias, que eran muchas.
Si la capitulación de Mack en Ulm constituyó un triunfo de la estrategia napoleónica, su aún más impresionante victoria en Austerlitz pone de relieve sus verdaderas dotes no sólo tácticas, sino también su providencial intuición. En años posteriores, el francés trató de atribuir su éxito a meras razones estratégicas:
-“La victoria de Austerlitz no fue más que la consecuencia natural del plan de campaña moravo. En un arte tan difícil como el de la guerra, el plan de batalla a menudo deja entrever el plan de campaña. Sólo los militares experimentados pueden entender esto”.

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